Volver a Contenidos

Protocolo CRC · Mujer Ciclista

Protocolo CRC: los 5 pilares del entrenamiento femenino

Mitos vs. la evidencia real del ciclismo femenino

La mayoría de protocolos de entrenamiento en ciclismo se han diseñado, probado y validado en hombres, y después se han aplicado a mujeres reduciendo simplemente volúmenes y cargas. La evidencia dice que esa extrapolación es un error: la ciclista tiene su propia fisiología, sus propios riesgos y sus propias palancas de mejora. Este es el protocolo CRC para entrenarla desde la diferencia, no desde la comodidad de la costumbre.

El problema

Durante décadas, la ciencia del entrenamiento se ha construido casi exclusivamente sobre cuerpos masculinos: la mujer aparece en la literatura como una nota al margen, y el bike fitting no es una excepción — de 724 ciclistas incluidos en la revisión sistemática más reciente sobre posición en bicicleta, solo 90 eran mujeres.¹ El resultado es previsible: bicicletas, sillines y posiciones pensados por defecto para una anatomía masculina, y protocolos de entrenamiento que tratan a la ciclista como una versión a escala reducida del ciclista.

El problema tiene una segunda cara, igual de dañina. Frente a la falta de datos, el pelotón ha llenado el vacío con mitos: la idea de que el ciclo menstrual debe dictar cada semana de entrenamiento se ha popularizado mucho más rápido que la evidencia que la sostiene. Mientras tanto, riesgos con respaldo científico sólido y consecuencias graves —la disponibilidad energética insuficiente, los problemas urogenitales por mal ajuste del sillín— siguen sin diagnosticarse ni comunicarse, en parte porque solo entre el 30% y el 50% de las deportistas cuentan estos síntomas a su entrenador, especialmente cuando el técnico es hombre.²

Lo que falta es aplicar, con criterio, la evidencia específica que sí existe — y que en muchos casos lleva más de una década publicada sin llegar a la carretera.

Qué dice la ciencia

La ciclista de nivel élite presenta un VO₂máx absoluto entre un 15% y un 25% inferior al de un ciclista de nivel equivalente, diferencia que se reduce a apenas un 5-15% al expresarlo por kilogramo de peso corporal y que prácticamente desaparece al ajustarlo a la masa muscular activa.³ La revisión sistemática de Herrero-Molleda et al., que sintetizó 19 estudios sobre 405 mujeres ciclistas, sitúa el VO₂máx medio en 57,9 mL·kg⁻¹·min⁻¹, con una masa corporal media de 58,4 kg.⁴ A igualdad de intensidad relativa, la mujer también muestra mayor proporción de fibras tipo I y mayor resistencia a la fatiga muscular en contracciones submáximas sostenidas — una ventaja fisiológica real para el ciclismo de fondo.⁵

Donde la ciencia sorprende es en el ciclo menstrual. El consenso internacional más reciente sobre la atleta de élite concluye textualmente que no existe evidencia de calidad suficiente para afirmar que las fases del ciclo influyen de forma consistente en el rendimiento, las adaptaciones al entrenamiento o el riesgo de lesión.⁶ El metaanálisis de McNulty et al., con 78 estudios incluidos, encontró como mucho una reducción trivial del rendimiento en fase folicular temprana, con un grado de evidencia bajo.⁷ Periodizar sistemáticamente el entrenamiento según el día del ciclo no está, hoy, respaldado por los datos.

Lo que sí está bien evidenciado, y resulta mucho más determinante, es la disponibilidad energética. Barreto et al. encontraron que el 100% de una muestra de ciclistas profesionales presentaba una disponibilidad energética por debajo de 30 kcal por kilogramo de masa libre de grasa al día en jornadas de entrenamiento — el umbral que el consenso internacional identifica como zona de riesgo para la función hormonal, ósea e inmunológica.⁸

Qué ocurre realmente en el ciclismo profesional

Las carreras del Women's World Tour no son una versión corta de las masculinas: son otra cosa. Limitadas a un máximo de 160 km frente a los 280 km del pelotón masculino, las ciclistas compensan la menor distancia con una intensidad relativa muy superior — pasan el 42% del tiempo de carrera en zona 4 de frecuencia cardíaca, frente al 24% de los hombres, y el 24% en zona 5, frente a un 6% de los hombres.⁹ Esa misma lógica se traslada al entrenamiento: sesiones más cortas pero con mayor porcentaje de frecuencia cardíaca máxima sostenida.¹⁰ Quien termina entre las cinco primeras en las pruebas del WWT no es la ciclista con más potencia media, sino la que también mejor tolera series repetidas de esfuerzos cortos de muy alta intensidad.¹¹

El entrenamiento de fuerza con cargas altas, todavía visto con recelo en parte del pelotón femenino, tiene detrás una de las evidencias más sólidas y menos aplicadas del ciclismo actual. Tras 11-12 semanas de fuerza con cargas altas, las ciclistas mejoraron su potencia media en un test de 40 minutos un 6,4%, cifra equiparable a la de los hombres. Pero la economía de pedaleo solo mejoró en el grupo femenino, con una diferencia estadísticamente significativa entre sexos.¹²

La otra cara, menos cómoda, es la de la salud urogenital. En ciclistas femeninas que ruedan más de 10 horas semanales, la prevalencia de dolor genital alcanza el 69%, el adormecimiento genital el 58%, y las infecciones urinarias recurrentes el 27% — frente a un 5-10% en población general.¹³ La causa principal es mecánica: presión sostenida sobre el perineo, en gran parte evitable con un ajuste correcto del material.

La metodología CRC

De toda esta evidencia se puede construir un protocolo con cinco pilares, aplicables tanto a la ciclista de club como a la profesional.

Primero, no periodizar por defecto según el ciclo menstrual. La evidencia actual no lo respalda como estrategia sistemática.⁶,⁷ Sí tiene sentido registrar el ciclo y sus síntomas, pero el programa debe seguir diseñándose según los principios clásicos de sobrecarga progresiva y especificidad.

Segundo, priorizar la disponibilidad energética por encima de casi cualquier otra variable. Es la intervención con mayor impacto demostrado sobre la salud y el rendimiento a largo plazo. El objetivo de referencia son 45 kcal por kilogramo de masa libre de grasa al día en condiciones habituales.⁸

Tercero, incorporar fuerza con cargas altas de forma estructural: mínimo dos sesiones semanales, 3-4 ejercicios multiarticulares de tren inferior, en un rango de 4-10 repeticiones máximas, con progresión de carga cada 4-6 semanas.¹²

Cuarto, y aquí está lo que con más frecuencia se ignora: el bike fitting específico femenino, que va bastante más allá de “coger una talla más pequeña” de la misma bicicleta.¹⁴ La pelvis más ancha de la mujer implica una mayor distancia entre tuberosidades isquiáticas, que debe medirse para elegir un sillín entre 20 y 30 mm más ancho que esa distancia.¹⁵ Inclinar ligeramente la punta del sillín hacia abajo (entre -1° y -3°) reduce también la presión perineal,¹⁵ y conviene revisar la anchura del manillar —coincidente con la anchura biacromial, no con la talla del cuadro.¹⁴

Quinto, comunicación abierta y sin jerarquías incómodas: la mayoría de los síntomas —menstruales, urogenitales, alimentarios— se siguen callando, y solo se resuelven cuando alguien pregunta primero.²

Cómo aplicarlo tú esta semana

  1. Primero, si no lo has hecho nunca, hazte medir la distancia entre tuberosidades isquiáticas en una tienda especializada o con tu bike fitter. La referencia es un sillín entre 20 y 30 mm más ancho que esa distancia.¹⁵
  2. Segundo, revisa la inclinación de tu sillín. Un descenso ligero de la punta (-1° a -3°) suele reducir la presión perineal; si notas adormecimiento o dolor genital que dura más de dos horas tras el entrenamiento, no lo normalices.¹³,¹⁶
  3. Tercero, calcula tu disponibilidad energética real al menos una vez: resta tu gasto energético del ejercicio a tu ingesta diaria y divide el resultado entre tus kilogramos de masa libre de grasa. Si el número queda por debajo de 30, es una señal de alarma que conviene comentar con un nutricionista deportivo.
  4. Cuarto, si todavía no incluyes fuerza con cargas altas en tu entrenamiento, empieza con dos sesiones: sentadilla, peso muerto o hip thrust, y un ejercicio unilateral de pierna, en tres series de 4-10 repeticiones.
  5. Quinto, revisa también la anchura de tu manillar: debe coincidir con tu anchura biacromial, no elegirse solo en función de la talla del cuadro.
  6. Sexto, si entrenas más de dos horas seguidas, levántate del sillín al menos cada 15-20 minutos durante 10-20 segundos para restablecer el flujo sanguíneo perineal.
  7. Séptimo, registra tu ciclo menstrual y cómo te sientes en cada fase, pero sin usarlo como excusa automática para saltarte sesiones clave.
  8. Y octavo, si entrenas a otras ciclistas o compites en equipo, abre la conversación antes de que aparezca el problema: pregunta directamente por síntomas menstruales, urogenitales o alimentarios.

Referencias

  1. 1. Hutchings S, Cliff S, Hill D, Brouwer B, Bell PG, Allen R. Cycling position optimisation: a systematic review. Eur J Sport Sci. 2024;24(11):1573-97.
  2. 2. Carmichael M, Roberts A, Perry K, Clarke A. Tailoring support to the female athlete: a cross-sectional online survey to observe current practices in high performance sport. Int J Sports Sci Coach. 2026;21(1):109-20.
  3. 3. Martin DT, McLean B, Trewin C, Lee H, Victor J, Hahn AG. Physiological characteristics of nationally competitive female road cyclists and demands of competition. Sports Med. 2001;31(7):469-77.
  4. 4. Herrero-Molleda A, Álvarez-Álvarez MJ, Floría P, García-López J. Training characteristics and competitive demands in women road cyclists: a systematic review. Int J Sports Physiol Perform. 2023;18:794-804.
  5. 5. Hunter SK. Sex differences in human fatigability: mechanisms and insight to physiological responses. Acta Physiol. 2014;210:768-89.
  6. 6. Bangsbo J, Hostrup M, Hellsten Y, Hansen M, Melin A, Kjær M, et al. Consensus statements—optimizing performance of the elite athlete. Scand J Med Sci Sports. 2025;35:e70112.
  7. 7. McNulty KL, Elliott-Sale KJ, Dolan E, Swinton PA, Ansdell P, Goodall S, et al. The effects of menstrual cycle phase on exercise performance in eumenorrheic women: a systematic review and meta-analysis. Sports Med. 2020;50:1813-27.
  8. 8. Barreto G, de Oliveira LF, Saito T, Klosterhoff R, Perim P, Dolan E, et al. Reduced endurance capacity and suboptimal energy availability in top-level female cyclists. Int J Sports Physiol Perform. 2021;16(8):1194-203.
  9. 9. Sanders D, van Erp T, de Koning JJ. Intensity and load characteristics of professional road cycling: differences between men's and women's races. Int J Sports Physiol Perform. 2019;14(3):296-302.
  10. 10. Van Erp T, Sanders D, de Koning JJ. Training characteristics of male and female professional road cyclists: a 4-year retrospective analysis. Int J Sports Physiol Perform. 2019;15(4):534-40.
  11. 11. Van Erp T, Lamberts RP. Performance characteristics of TOP5 versus NOT-TOP5 races in female professional cycling. Int J Sports Physiol Perform. 2022;17(7):1070-6.
  12. 12. Vikmoen O, Ellefsen S, Trøen Ø, Hollan I, Hanestadhaugen M, Raastad T, et al. Strength training improves cycling performance, fractional utilization of VO₂max and cycling economy in female cyclists. Scand J Med Sci Sports. 2016;26(4):384-96.
  13. 13. Greenberg DR, Khandwala YS, Bhambhvani HP, Simon HK, Eisenberg ML. Genital pain and numbness and female sexual dysfunction in adult bicyclists. J Sex Med. 2019;16(9):1381-9.
  14. 14. Schwellnus M. Female-specific bike fit: a narrative review and clinical implications. Br J Sports Med. 2024;58(15):793-9.
  15. 15. Larsen AS, Larsen FG, Madeleine P, Hansen EA. The effect of saddle nose width and cutout on saddle pressure distribution and perceived discomfort in cyclists. J Sci Med Sport. 2024;27(3):178-83.
  16. 16. Cooke R, Donnelly GM, Weir A, Moore IS. Hiding in plain sight: the pelvic floor in athletes with hip and groin pain. Br J Sports Med. 2026;60(2):88-90.

Mikel Zabala

  • Catedrático de la Universidad de Granada
  • Director del Centro de Estudios e Investigación Olímpicos (CEIO)
  • CEO y director de CRC, Cycling Research Center